Todos tenemos sueños. Algunos más, otros menos. Algunos más ambiciosos, otros más sencillos. Pero sueños, al fin y al cabo. Hay sueños que se cumplen, y sueños que se quedan el el camino. Pero, cuando das esos sueños por perdidos, puedes llevarte gratas sorpresas.
A mi se me quedó un sueño en el camino muchos años atrás. Quizá el único sueño ambicioso que he tenido en mi vida. No me apena, las circunstancias del momento no acompañaron y las de ahora son cuanto menos peores para volver a retomarlo. Lo he dado por perdido, por desaparecido y por muerto, pero ello no me impide seguir viendo a dónde podía haber llegado.
Yo quería ser actriz. Actuar, bailar, cantar en un escenario era mi sueño desde pequeña, cuando con cuatro años y sin saber leer hice mi primer papel. Con nueve canté ("A quién le importa" de Alaska) por primera vez en un escenario (y, según la gente, se me daba bien y todo), y con quince subí a uno a bailar. Se me daría mejor o peor, pero intentarlo lo intentaba. Dí clases de teatro, incluso en el instituto me apunté a unas nefastas clases sólo por no dejar de vivir como era el backstage de una función... lo tuve que dejar, por una parte por salud y por otra parte por desgana: cuando no se sabe dar clase, nada se puede hacer. Lo único que mantuve fue el baile, y lo dejé por... digamos "bullying" por parte de cierta persona que pensaba que si no pesabas menos de cuarenta kilos no eras digna de bailar. Esa misma persona fue la que hizo que, con sus "críticas constructivas" no volviera a entonar una nota con la voz nunca. Digamos que a mí me quitaron, rompieron y pisotearon mis sueños. Podría retomarlos, pero no tengo medios, ni físicos ni económicos, para hacerlo.
Me conformo con ver funciones desde fuera, e imaginarme los entresijos de ella. Cómo se cambiarán tan rápido de ropa, cómo se quitarán los nervios, si repasarán en el último minuto el diálogo... todo, me gusta imaginarme todo y sentirme una ínfima parte de la obra. Pero nunca antes había experimentado lo que me pasa ahora.
Hace unos días visité un musical qué cualquiera que me conozca un poco sabrá cual es. Una producción enorme en un teatro demasiado pequeño. Al principio dices "qué genial, un musical, musiquita y baile", pero cuando llegas a casa e indagas un poco... Todo cambia. Te das cuenta que no es solo una producción enorme, si no que también está formada por gente enorme. Personas que, tengan trabajos y producciones a sus espaldas o no, mantienen la humildad y los pies en la tierra. Han pasado un casting, como todos, no han conseguido nada por su cara bonita. Y eso es de admirar. En la producción también hay personas que comienzan su largo camino en las tablas del Teatro Arlequín, gente que con esfuerzo y constancia han llegado hasta donde están. Y eso es más admirable aún.
No os creeréis que se me saltan las lágrimas escribiendo esto, pero es verdad. Este musical no es solo una obsesión más en mi larga lista, es el verme a mí reflejada en los artistas. Son mis sueños alcanzados por otros, y no puedo sentir otra cosa cosa que no sea orgullo.
Sí, orgullo del bueno, de ese que te hace sacar una sonrisa tonta cada vez que ves a esos compañeros a los que sus sueños no se les quedaron en el camino. Por eso insisto tanto en volver, y volver, y volver. Porque es como volver a cuando yo estaba entre bambalinas, es volver a sentir aquello que hacía años que no sentía. Me siento conectada a ellos. Es sentarme en la butaca y sentirme entre amigos, en casa.
Quizá mi sueño se quedó en el camino, pero el suyo no. Siento que cada uno de ellos está cumpliendo el sueño por mi. Y eso, eso es lo más grande.
~The girl with the bread
No os creeréis que se me saltan las lágrimas escribiendo esto, pero es verdad. Este musical no es solo una obsesión más en mi larga lista, es el verme a mí reflejada en los artistas. Son mis sueños alcanzados por otros, y no puedo sentir otra cosa cosa que no sea orgullo.
Sí, orgullo del bueno, de ese que te hace sacar una sonrisa tonta cada vez que ves a esos compañeros a los que sus sueños no se les quedaron en el camino. Por eso insisto tanto en volver, y volver, y volver. Porque es como volver a cuando yo estaba entre bambalinas, es volver a sentir aquello que hacía años que no sentía. Me siento conectada a ellos. Es sentarme en la butaca y sentirme entre amigos, en casa.
Quizá mi sueño se quedó en el camino, pero el suyo no. Siento que cada uno de ellos está cumpliendo el sueño por mi. Y eso, eso es lo más grande.
~The girl with the bread
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